Galería ATC

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Exposición colectiva “Invisibles” en Galería ATC

14 diciembre 2017 - 27 enero 2018

Invisibles reúne las obras de varios artistas nacionales e internacionales en las que se presenta lo que, según Emmanuel Levinas, no nos está dado, o de lo que no tenemos idea, pero con lo que, sin embargo, entablamos relaciones. Al no ser posible una adecuación entre la idea y la cosa, estas relaciones son diferentes a las que establecemos por medio de la vista.

En Invisibles se entrevé algo, difícil, insoportable o inadecuado de articular por medio de la mirada y la palabra, que es activado por contextos o repositorios de la cultura popular, el folklore, la vida cotidiana, la historia del arte, el entretenimiento y los viajes al extranjero. Los artistas participantes son Ofir Dor (Israel), Tamrat Gezahegne (Etiopía), Elad Larom (Israel), Agnès Pe (Lleida), Noemi Sjöberg (Suecia), Mulugeta Tafesse (Etiopía), Nacho Tusquets (Barcelona) y Juan José Valencia (Tenerife).

Instalación de Elad Larom, Hombre flexible, mujer fértil, 2013, acuarela sobre papel, 70 x 50 cm.

Instalación de Elad Larom, Hombre flexible, mujer fértil, 2013, acuarela sobre papel, 70 x 50 cm.

Instalación de Noemi Sjöberg, Sombras, 2017, vídeo HD (4K), B/N, sonido, 2'55''.

Instalación de Noemi Sjöberg, Sombras, 2017, vídeo HD (4K), B/N, sonido, 2'55''.

Ofir Dor (1972), artista israelí residente en Berlín, trabaja con imaginarios subliminales a través de repositorios de la historia del arte, el simbolismo o el esoterismo. La inadecuación en su obra es propia de un oscuro submundo de camarillas y subculturas esotéricas. En Caníbales jugando en el parque, una práctica violenta se deja entrever en forma lúdica en un espacio urbano que toma como modelo la naturaleza salvaje; en Mujer enmascarada hay un vislumbramiento de un rostro fugaz; y en Estudio para cabezas de pintores, los rostros de los pintores son gestos reparadores, o rostros desvestidos sin definición, que no llegan totalmente a adecuar la idea con lo representado.

El interés de Tamrat Gezahegne (1977), quien trabaja en Adís Abeba, se dirige a los conocimientos indígenas y su manera de proceder holística, diferente de la mirada dualista. Investiga los proverbios, la medicina tradicional, los sistemas judiciales consuetudinarios, los atuendos y las creencias espirituales. Distanciándose de la ciencia individualista, Gezahegne, abraza el carácter comunitario del conocimiento indígena africano. Influenciado por la población que vive en el sur de Etiopía, alrededor del Valle Omo, quienes emplean pintura corporal, joyas y fibras naturales con diversos propósitos, las obras presentes en Invisibles son el resultado de estas meditaciones.

Elad Larom (1976), artista italiano e israelí residente en Tel Aviv, trabaja principalmente con la pintura, aparte del vídeo, la animación y la fotografía. En sus obras, Larom revela un mundo de personajes únicos, escenas y lugares de cultura popular, folclore y vida cotidiana. Las vistas que representa suelen pertenecer a situaciones mágicas, y algunas veces, incluso, espirituales. Sus pinturas, sobre lienzo o sobre papel, recuerdan historias cinematográficas, momentos efímeros con fotogramas “ocultos” que suceden antes y después. Son rostros no totalmente desvelados, no totalmente formados: en algunos casos máscaras, cirugía plástica, y situaciones de transición, guiadas y dirigidas por un médium.

En el vídeo Delta RCA de la artista Agnès Pe (1985), varios otros, amigos y enemigos, están presentes en una partida de paintball. Los rostros de los participantes están continuamente privados de ser vistos, pero no lo está, sin embargo, el discurso entre ellos. A través de los ojos de la artista participante, que con su cámara graba la partida, se establece una relación con el adversario, quien invisible, sin embargo, se sabe que está ahí. Esta relación está guiada por el propósito de hacerle desaparecer, totalmente del pensamiento —ya ni visible, ni invisible.

Noemi Sjöberg (1978), vive y trabaja entre Estocolmo, Barcelona y París. Los viajes han sido el núcleo de sus obras audiovisuales, enfocando su atención como extranjera en la cotidianidad de los lugares visitados, y la contingencia y detalles que la caracterizan. Sjöberg  nos desvela una cotidianidad ajena a los aspectos negativos que otorgamos —con frecuencia de carácter violento y seguridad precaria— a esos lugares debido a la información que nos llega en los media. Una cotidianidad compuesta de comportamientos lúdicos que nos es algo familiar y que se nos desvela.

En Una figura sentada, Mulugeta Tafesse (1960) ha pintado algo que podría ser humano o animal, o ambas, a partir de la impresión o recuerdo de un encuentro con una otra desconocida, entrevista en el ambiente pobremente iluminado de un bar nocturno. Otra, sin embargo, reconocida en la común transitoriedad humana. Una re-presentación fruto del distanciamiento de cualquier relación directa que pueda establecerse con la mirada.

En Cruel (2017) y Tu cara (2017), Nacho Tusquets (1983), artista catalán residente en Barcelona, parece velar y desvelar por medio del gesto y la pintura lo que él llama la relación entre esta, la música y la existencia: la irresolución o la solución indefinida; lo que está ocurriendo y lo que está por ocurrir. El ojo es el único elemento reconocido en un rostro precariamente formado. Como si el ojo fuera el principal elemento que pudiera definir el rostro, cuando este no se deja capturar por la mirada. Una mirada que no desvela el rostro sino que parece relacionarse empáticamente con el ojo del otro. 

Las interpretaciones en linóleo de las imágenes cotidianas de internet que Juan José Valencia (1980) selecciona, producen un efecto de déjà vu —se tiene la sensación de que se han visto pero no se está totalmente seguro de ello. De este modo, las imágenes alargan su existencia y  no se desvanecen en el flujo frenético e intenso que caracteriza su circulación. El tipo de extrañeza que se produce es la de lo posiblemente reconocido. En estas imágenes hay rostros entrevistos únicamente por las siluetas y los contornos propios de la técnica del linóleo. Rostros que, habiendo sido capturados por la cámara, no poseen los detalles que les pudieran caracterizar individualmente. Aún así, no son pasivos, en sus poses parecen mirar o fotografiar al espectador, como si la mirada se reflejara, aunque sin desvelar una imagen adecuada.